miércoles, 31 de octubre de 2012

Guerras Ofídeas, Sesión 8






  Tras la ejecución del clérigo hereje que había espetado en la cara del Cazador de Brujas Callidon que el Dios-Emperador le daba igual y se cagaba en él y en su presencia, el cuerpo fue retirado y toda la estancia acondicionada para el próximo oficio. Después, se retiró a sus aposentos. Las luces de todo el complejo empezaron a disminuir su intensidad, el ciclo nocturno estaba llegando y además de la disminución de la actividad en las calles y el aumento de la presencia de fuerzas de seguridad interna. Tanto Callidon, Escarlata como el resto de acólitos que no se encontraban de guardia en el Apotecarium, fueron hospedados en las habitaciones del claustro de la capilla, unas habitaciones austeras, pequeñas y sin acceso desde el exterior.
Mientras tanto, en la sala de vigilancia de Apotecarium, dos acólitos hacían vigilancia y en la sala de espera, Ignace y el arbites zeliano estaban durmiendo, pero con un oído más fino que los vigilantes ya que fueron ellos los que escucharon unos leves pasos y unos susurros que fueron traducidos como: “objetivo localizado, activar fase A”. Ambos se levantaron sigilosamente, empuñaron sus escopetas y con un movimiento rápido salieron al pasillo que comunicaba la sala de vigilancia con la de descanso y vieron dos sombras justo a punto de asaltar la sala de vigilancia. Los acólitos fueron más rápidos y sembraron todo el espacio de postas de escopeta. Fue una masacre. Los dos hombres cayeron muertos al instante y desmembrados, con sus órganos internos y sangre esparcidos por todo el ya no blanco inmaculado pasillo. Con un rápido movimiento por parte del arbites, descubrieron las caras de los asaltantes… y se quedó completamente parlizado. Eran dos arbites de la superficie y uno de ellos era su antiguo sargento. Revisó rápidamente el cinturón que llevaba y encontró una miniplaca de datos y otro objeto que guardó. Mientras tanto Ignace entraba en la sala de vigilancia para ver si sus compañeros estaban bien y sobretodo si Tytus seguía con vida. Todo estaba correcto. En poco tiempo llegó la Seguridad Interna del Complejo y despacharon el problema como una violación de perímetro que reportaron a la Guardia Imperial, pero los acólitos no estaban nada tranquilos.

  En ese mismo instante, en la habitación donde estaba durmiendo Escarlata, una rejilla de ventilación se movió lo suficiente como para facilitar el paso de un cuerpo reptiloide, con seis patas, piel muy oscura y cabeza en forma de flecha. Olisqueó el ambiente durante unos segundos y descendió por la pared vertical rápida y sigilosamente hacia la cama… se acercó a la cabezera de la cama y lanzó un vertiginoso lance a la altura de la yugular y se fue tan sigilosamente como había entrado. Unos ojos negros, enmarcados con unas finas cejas pelirrojas observaba desde el otro extremo de la habitación toda la escena. Un breve pero intenso rictus de satisfacción se dibujó en su boca.

  Callidon, tras el día tan intenso había decidido pasar parte de la noche en el coro de la Capilla. Se equipó con su armadura y con las pistolas bolter y se dispuso a orar y a vigilar la entrada al edificio. Su idea inicial era simplemente orar, pero algo le dijo que debía estar alerta. Apoyado en la barandilla del coro y con la atención completamente puesta en la puerta, consiguió ver por el rabillo del ojo y solo por un segundo cómo una cabeza de reptil oscuro con forma de flecha mordía su armadura a la altura del codo. El salto que dio para apartarse de la alimaña fue casi tan veloz como el ataque. Callidon entró en modo de combate y buscó el objetivo. Lo detectó escabulléndose por las sombras del coro y disparó sus armas. Cuando la adrenalina desapareció de su torrente sanguíneo, vio lo que había generado y fue que disparó sus pistolas bolter contra el suelo de madera y generó un boquete en el suelo. Al momento llegó un breve comunicado en código Azquena, el código de la célula, donde Ignace informaba del ataque y al momento una señal corta de Escarlata confirmando su situación de acólito activo. Las órdenes fueron claras: Comenzar el día siguiente en alerta, dar la misa comprometida y mientras está ofreciéndose el oficio, sacar a Tytus del Apotecarium y salir a la superficie.



  Y la mañana siguiente llegó. Callidon tuvo el tiempo suficiente como para acordar y corroborar la “muerte” de Escarlata. No tenían tiempo de presentar un cuerpo femenino a la muchedumbre así que en el oficio se expresaba la muerte de Escarlata y se había pedido la presencia de un féretro cerrado. Los trabajadores y cargos políticos distinguidos del subsector se presentaron en la Capilla, Callidon se vistió con su toga blanca de celebraciones importantes y se preparó todo su equipo en una mochila de combate, disimulada cerca del altar, con sus armas y armadura. Escarlata, con su sintepiel estaba apostada en una parte oscura del coro controlando a todos los asistentes con pictocaptadores de alta resolución. Coordanadamente los vigilantes del cuerpo de Tytus estaban buscando la forma de acceder a la sala estanca. Estaban revisando el cristal, viendo que era un cristal blindado de doble capa sílice-pastiacero con micromalla traslúcida de ferroacero. Un estudio con mas detenimiento de la sala, confirmó que era completamente estanca, sin puertas. El cuerpo de Tytus se encontraba en una camilla y conectado a varias serbomáquinas con autoinyectores y litomonitores de seguimiento. Mientras se encontraban en los primeros pasos de “cómo narices vamos a entrar ahí”, del suelo se abrió una trampilla y un servidor médico con varios inyectores preparados para ser puestos en el cuerpo de Tytus, se activó y desplegó los inyectores y empezó a trabajar. Los Acólitos, sospechando un posible intento de asesinato comenzaron a “castigar” el cristal. Consiguieron hacer un agujero lo suficientemente grande como para introducir una escopeta y disparar al servidor. Tuvieron la puntería necesaria como para no impactar al pobre Tytus pero no fueron lo suficientemente rápidos como para evitar que inyectase todas las sustancias que tenía preparadas. La violación de la cuarentena dio lugar a la activación de una alarma.

  El oficio se dio sin problemas, la primera parte fue una serie de admoniciones y oraciones dando gracias al Dios-Emperador y pidiendo su protección para todos sus hijos y recordando a todos los caídos en esta santa lucha, como le ha ocurrido a Escarlata. La segunda parte del oficio fue un exacerbado y pasional discurso contra la Herejía y el precio pagado por el antiguo párroco. Este discurso inflamó el celo por la protección de la humanidad frente a las brujas y herejes y los escuchantes salieron de la capilla dispuestos a desenmascarar la herejía allá donde se escondiese. Nada mas salir y mientras Callidon recibía por microvox la información de Escarlata, oyó un tumulto y unos gritos. Al ser el dialecto muy diferente, solo entendía la palabra Herejía. Salió fuera con una pistola bolter y su espada-sierra esperando encontrar alguno de los posibles oponentes que quieren eliminarlos pero lo que vio fue a una turba de obreros, administradores, seguridad que se acercaba a donde estaba con una persona atrapada. Estaba completamente ensangrentada y con las ropas desgarradas. Parecía haber sido linchada y en su rostro amoratado e hinchado se podía intuir una expresión de tremendo pavor. La granuja se encontraba en todo momento al lado de Callidon como traductora y le informó que ese grupo de gente decía traerle al Cazador de Brujas una hereje para que la ejecutara. Callidon no se creía lo que estaba ocurriendo, bajó las armas y se encontró al momento rodeado de la turba chillando y pidiendo sangre. Meditó la situación, intentó razonar con la gente pidiendo tiempo para investigar el caso pero obtuvo como respuesta el aumento del griterío y que al pobre desdichado le golpeasen dos veces mas. Al final gritó “EJECUCIÓN POR HEREJE” y golpeó con la espada sierra buscando una muerte rápida del pobre desdichado. Pero algo en el lugar hizo que la espada cercenase el brazo de uno de las personas que la inmovilizaban soltando un chorro de sangre y convirtiendo la toga de Callidon en un paño rojo. La gente se calló de golpe porque no entendía nada… eso hizo darse cuenta a Callidon y al resto del grupo que estaban en un lío mayor porque a lo lejos se oían más disturbrios y gritos de herejía. Por encima de las cabezas consiguió ver a otro grupo de exaltados que le traían a otros dos desdichados. La gente que el rodeaba esperaba una explicación de lo ocurrido. Señaló con la espada-sierra al amputado que se desanagraba en el suelo y gritó “HEREJE”. La gente le coreó y volvieron a agarrar al primer desdichado para que fuese ejecutado mientras el segundo era pateado. Fue ejecutado. Y tras este, hubo otros cuatro más antes de poder salir de esa locura nombrando a un hombre que estaba allí como el encargado de la purga por parte de la Eclesiarquia.

  Después de un tiempo, el grupo se re-encontró en el perímetro guardado por la Guardia Imperial. Había muy malas noticias. La revuelta y la purga se había extendido por todo el subsuelo del planeta, había focos por todos los lados y lo pero de todo era que los rebeldes de la superficie habían conseguido entrar.
Hubo muchas bajas, la G.I fue casi exterminada, las fuerzas de seguridad interna fueron reducidas a cenizas. El Comisario fue encontrado asesinado en su despacho, el Gobernante destripado y el Astrópara desaparecido.



  Todos los Acólitos y los restos de los Arbites y G.I fueron evacuados hacia las naves del bloqueo y la propia de los Acólitos. Justo antes de marcharse, en el caos generado por la falta de un Mando ya que el gobernador ostentaba el título de Comandante en jefe de la flota, todas las miradas se volvieron hacia Callidon, el cual ordenó un bombardeo orbital sobre la base de la G.I localizada en la bahía del mar alcohólico para evitar que escapase nadie. Se hizo y el resultado fue dos olas de fuego verde y azul que recorrieron todo el planeta, naciendo desde la base incendiada. Esto generó tal cantidad de gases y vapor de agua que Zel Tertius se sumergió en un invierno nuclear.

¿Qué ha pasado en el planeta? ¿se ha inutilizado la red de abastecimiento alimenticio a todas las fuerzas de la Guardia Imperial del Segmentum Obscurus, Segmentun donde se encuentra el Ojo del Caos?, ¿Cómo pudo darse una revuelta tan rápidamente y tan organizada?

Capítulo 7-2                                                                                                            Capítulo 9


miércoles, 24 de octubre de 2012

Guerras Ofídeas, Sesión 7, segunda parte






  Mientras tanto, el resto de Acólitos acompañaron a Callidus dentro del edificio del Administratumo. Tras consultar al servidor, consiguieron una audiencia con el Adeptus Magister Derecus, administrador jede del Sector 1 de la Colonia industrial bajo Tlung-Ar y subcontinental. Su despacho ocupaba toda la octava planta del edificio. Nada mas abrirse es ascensor, notaron como un ambiente muy húmedo les golpeaba la cara. Pasar de una zona seca y a 25ºC a otra donde la humedad relativa del aire rondaría el 70 % y la temperatura ambiente estaba sobre los 34ºC, datos lanzados chillonamente por los termolitos integrados en las chaquetas ambientales que adquirieron nada mas llegar al planeta, hizo que todos notasen un calor sofocante, empezasen a sudar copiosamente y alguno hasta boquease buscando más aire. La estancia de espera estaba repleta de plantas verdes, plantas de todo tipo y condición que, por supuesto, ninguno conocía. Había hasta árboles tan altos como la estancia. Tras atravesarla, mirando a todos los lados y escuchando el trino de pájaros que se escapaban a la vista, llegaron a una puerta de madera negra de cuatro metros de altura por tres de ancho, toda tallada con motivos vegetales. Justo en el momento que Callidon y el resto (Escarlata, Tybalt e Ignace) estuvieron en frente de la puerta, ésta se abrió silenciosa y suavemente dejando ver un amplio despacho, con menos plantas pero un par de fragancias fuertes. Una alfombra verde-azulada rectangular delimitaba un camino desde la entrada hasta la mesa de trabajo donde se encontraba el Adeptus Magister, un hombre calvo, con ropajes ostentosos y de tonos verdes, nada equivalentes a los típicos del Monitorum, orondo y con un implante craneal delicado, con forma de semicorona de hojas de una planta desconocida para los Acólitos. Al levantar su rostro, vieron a un hombre de más de 80 años, con signos claros y completamente inequívocos de haber sufrido al menos un rejuvenecimiento, con el pabellón auditivo derecho sustituido por un bulbo de metal a modo de una fruta, con una sonrisa tenue en la cara. Se levanto de su silla para invitarles a entrar.

  La entrevista fue corta y sirvió para corroborar los datos obtenidos por el Capitán de la Guardia Imperial, además de conocer el producto que se genera y su finalidad. Todo el subsuelo del planeta está oradando para dar cabida a colmenas-fábricas productoras de la principal fuente de alimento para todas las unidades militares de la Guardia Imperial del Segmentum Obscurus. Hace muchos años, los Magus Biologis descubrieron que el fitoplancton que vivía en el mar era un nutriente muy completo y que con dos raciones del mismo, junto con agua y un compuesto azucarado, se podían crear raciones de comida de combate. Tras esto se prepararon todas estas instalaciones y lo que se hace es tomar volúmenes del mar, eliminar los poliacoholes y el agua y tratar el fitoplancton y enlatarlo para su distribución. La razón del secretismo la consiguieron esgrimiendo las acreditaciones inquisitoriales y era para tener el monopolio de dicho mercado y evitar que las cofradías privadas y sobre todo las familias mercantiles de Malfi pudieran hacer la competencia o provocar sabotajes.

  Tras la reunión, una petición un poco exclusiva fue dada a Callidon. Quería oficiar misa para bendecir a los trabajadores. Derecus no vio objeción alguna y dio el visto bueno, además de aviso a la capilla más cercana para que preparasen las estancias para que se alojaran y que el Adeptus Ministrorum que llevaba dicha capilla se pusiese al servicio del Acólito Callidon.

  A la salida, fueron informados por Calvino de la desaparición de la granuja Zeliana. A lo cual y tras un rapapolvo al Arbites, pidieron informes de situación a seguridad. Rápidamente fue localizada en unas celdas cercanas. El Arbites zeltiano que les acompañaba pidió permiso para equiparse con material que había perdido tras el accidente y se fue a los almcenes de dichas celdas, acompañado del taciturno Ignace. Llegaron al almacén y el encargado del mismo, nada mas ver a los dos que entraban, salió corriendo gritando “¡me quieren matar!”. Igance, de repente le pareció ver a ese encargado convertido en un servidor industrial. La visión duró un segundo. Reaccionó rápido y le ordenó al Adeptus Árbites que lo redujese. Éste, saltó el mostrador y tras una rápida carrera lo alcanzó con la porra en la rodilla, partiéndosela y cayendo al suelo. Los gritos de dolor y terror empezaron a llenar el almacén y con miedo de que atrajesen demasiadas miradas, Ignace le inyectó dos dosis de calmante. El Adeptus Zeliano, cuando todo se calmó un poco pudo fijarse en la persona que había reducido y se acordó que era uno de los tantos que aparecían en las listas de Desaparecidos, listas que se actualizaban diariamente y que era uno de los trabajos que tenía que hacer. Intentó interrogarle, pero por la sobredosis de calmante y que rápidamente llegó la seguridad de las celdas, no pudieron mas que dar una mala explicación de su problemas y mandarlo a la Apotecaría militar.

  Cuando consiguieron sacar a la zeliana del calabozo, trámite que les llevó más de una hora, ésta les contó lo que le había ocurrido. En ese momento Ignace y el zeliano pusieron en común lo ocurrido también en el almacén. Justo cuando terminó el relato, ya fuera de la comisaría, se quedaron atónitos cuando, completamente blanca, la zeliana señalaba a un servidor y tartamudeaba algo parecido a “ese era mi primo”.
Ignace, atónito, recordó su “recuerdo” y sin dar explicaciones se fue corriendo junto con el Arbites zeliano a la Apotecaría Militar. Por su parte, el resto se fue a la Capilla donde tenían sus aposentos para descansar tras el largo e intenso día que estaba teniendo y además Callidus con la sana intención de entrevistarse con el clérigo. Pero esa entrevista se tuvo que posponer porque, tras treinta minutos de descanso, por el comunicador pudo ser testigo de una discusión muy acalorada (con disparo de escopeta al techo y todo) entre Ignace y el Magus Biologis Teneran. La razón, no tener acceso al herido recién llegado del almacén del calabozo Teta-2 y por poner en cuarentena al Acólito Titus por la “supuesta” detección de un virus posiblemente peligroso y desconocido. Callidon dio orden expresa de tener las veiticuatro horas a la vista a Titus, lo cual se accedió y el junto con Calvino y Escarlata, volvieron al Administratum para pedir explicaciones sobre la actuación del Magus Biologis a Derecus. Lo que consiguieron fue una entrevista tras una hora de espera con el jefe de personal de la zona en el piso dos. Esto enfadó bastante a Callidon y ese enfado no disminuyó cuando descubrió que el adepto monitorum con el que tenía que tratar el tema era un hombre adicto a la obscura. Tras un breve intercambio infructuoso de palabras, el hombre intentó atacar con un plumín a Callidon, el cual lo redujo gracias a la “efectiva”[1] actuación con una porra aturdidora de Escarlata. Tras una muy breve consulta con Calvino, ese hombre fue acusado por intento de agresión a un miembro del Ministrorum y de Consumo de Sustancias Heréticas y allí mismo, a la vista de todo el mundo, fue sentenciado a muerte y ejecutado por Calvino.

  La vuelta a la Capilla no terminó de calmarlo y tras dejar a sus compañeros, decidió ver si el Cura estaba dando algún oficio. Y era así. Estaba terminando un oficio en una capilla atestada de trabajadores pero descuidada, llena de polvo y mal iluminada. Además vio que el clérigo terminaba abruptamente el oficio tras verle entrar. Pensó que era por su presencia. Después de que todos dejasen la capilla, Callidon se acercó con la intención de felicitar al clérigo, pero en realidad lo que consiguió fue intimidarlo mas. La conversación, inicialmente amigable, empezó a tornarse en un interrogatorio… el clérigo cada vez más nervioso hasta que dio la respuesta incorrecta en tono incorrecto. Callidon, sin pestañear, desenfundó la pistola bolter y de un disparo en la frente, ejecutó al clérigo. El estampido llamó la atención del soldado que hacía de chófer, que entró asustado y empuñando la pistola láser. Vio a Callidon, con el brazo extendido, bañado en sangre, el cañón del arma humeando y el cuerpo del clérigo sin cabeza cayendo sobre unos bancos justo a los pies. “El Dios-Emperador es santo y limpio, hereje”. Fue solo lo que dijo.

Capítulo 7-1                                                                                                            Capítulo 8



[1] Tan efectiva que de un golpe le rompió la crisma y lo dejó moribundo. La porra estaba puesta en aturdir…


sábado, 20 de octubre de 2012

Guerras Ofídeas Sesión 7, primera parte






  Dos sirenas de sonido estridente pero de diferente tono empezaron a escucharse por todos los pasillos, entrelazando su monótona cantata. Las luces de la zona empezaron a cambiar de tonos blancos a amarillos y rojos, haciendo que las paredes blancas de los pasillos refulgiesen como si encerrasen un fuego. El grupo, tras revisar los desperfectos y ver al pobre Titus malherido, consideró adecuado moverse del lugar para intentar encontrar una forma de salir de allí. Calvino, el Arbites que estaba con el grupo y empezaba a presentar una inquietante pero inexplicable doble personalidad[1], fue quien se percató de la persona que apareció cuando se terminó de disipar todo el humo generado por la explosión del tanque de Protherium del lanzallamas del Servidor de Combate. Esa persona iba ataviada con el uniforme Arbites aclimatado para el planeta. Llevaba el casco puesto y movía los brazos intentando disipar los restos de humo. Calvino avisó al grupo y al momento tuvo tres puntos rojos tocando su frente. Los dos bolters de Callidon y el arma de Escarlata. Al no tener demasiado tiempo para explicaciones, le forzaron a seguirle.
No trascurrió demasiado tiempo hasta que el grupo de Acólitos se topó con la primera patrulla de seguridad. Varios de ellos, entre el ruido y la desorientación generada por las luces, consiguieron escuchar algo que interpretaron como pasos rápidos, así que se apostaron en una esquina y en el momento que Callidon, vio dos figuras armadas aparecer, disparó certeramente contra ellas. Calvino colaboró en la eliminación de la posible amenaza. Tras los disparos y una cortina de fuego láser que barrió el pasillo, llegó la advertencia por parte de los Acólitos (y no antes). Callidon, con voz potente dio la orden de alto el fuego en nombre de la Iquisición. El enemigo dudó un segundo, lo suficiente como para que Escarlata y Callidos pudiesen mirar por la esquina. Y lo que vieron no les hizo demasiada gracia.
Apostados al otro lado del corto pasillo, junto a la esquina que doblaba hacia la izquierda, había cuatro hombres con uniformes negros y magenta, cascos completos y petos antifrag en los que se podía ver el distintivo de un animal agarrando un fusil laser modelo Armetallica MKIV con bayoneta. El distintivo de los Húsares de Tykal. Habían abatido a dos Guardias Imperiales.
Esa situación y la identificación del Sargento como el 5º Escuadrón, del 2º Pelotón, de la Segunda Compañía del 15º de Húsares de Tykal, hizo que los Acólitos bajasen las armas y Callidon se identificase con su rango actual dentro de la Santa Inquisición, Acólito de 8º Rango. El Sargento Kerringer, al ver tanto al personaje (un hombre de 2,15 metros de altura, negro azabache, pelo blanco y con indumentaria de Cazador de Brujas), le provocó un verdadero escalifrío que recorrió todo su cuerpo como un latigazo neural. Se cuadró y obligó a todos sus hombres que formasen como guardia de Honor de los Acólitos. Sin más, fueron escoltados al puesto de Guardia Gamma-2 del Sector 1 de la Colmena Profunda. También se encargaron del Pobre Titus que fue llevado de urgencia a la Apotecaría militar del Sector.
La entrevista con el Capitán de la 2ª Compañía, Spane Severus, arrojó algo de luz a los desconcertados Acólitos. La unidad de la Guardia Imperial a la que pertenece el Capitán se encuentra acantonada en esta colmena subterránea desde más de seis meses estándar, fue el segundo relevo y en el subsuelo del planeta, en todo el perímetro colonial han sido ubicados con la orden explícita de evitar ningún tipo de intrusión no autorizada desde el exterior. El Oficial al Mando de toda la unida en estos momentos es supervisado por el Comisario Kanes, ubicado en la base Zero, la base de la superficie donde solo pueden acceder las nave del exterior del planeta.
También consiguen saber que en el subsuelo del planeta está completamente horadado formando un intrincado conjunto de túneles y estancias donde se ha ubicado una colonia industrial y que la producción se está dando acorde con los planes productivos establecidos por el Administratum. Además, tras la identificación de los acólitos, el Capitán Severus mandó acuse de recibo de su presencia tanto al Gobernante como al Comisario.
Toda esta información abrumó a los acólitos porque nada de esto aparecía en los archivos imperiales consultados por ellos antes de descender en el planeta ni en las placas de datos facilitadas por el Comisario Kanes. Así que despertó tanto la curiosidad como la sospecha en sus mentes. Callidon, ejerciendo su privilegio, ordenó al Capitán que le diesen la posibilidad de corroborar todos los datos de su informe y fueron asignados tres guardias imperiales como chóferes de los Acólitos. Tras esto, se despidieron. La primera orden que tuvieron los chóferes fue que les llevasen a todos al centro administrativo del sector y durante el viaje pudieron constatar varias cosas, tanto con sus propios ojos como con sus auspex. La primera es que existía una población muy grande de personas del imperio ataviados con monos de trabajadores de diferentes colores, mucha más gente de la que claramente se observaba que viviese en la superficie del plantea. La segunda cosa fue que los dos Zelianos de la superficie que iban con los acólitos, recordemos: la bribona capturada en la base militar y el Arbitres que apareció en el interior tras la explosión y que fue porque dicha explosión agrietó el techo en una zona débil y éste calló por el hueco generado, no tenían ni la menor sospecha que esa ciudad escondida existiese bajo sus pies. La tercera cosa es que en el subsuelo ya no actuaba el ruido blanco y que sus comunicadores personales funcionaban adecuadamente pero con un alcance muchísimo menor que el esperado, cosa explicada con los auspex programados para escáner de estructuras porque daban como resultado que la roca en la que se ha excavado todos estos complejos es muy densa y llena de mineral que reduce drásticamente la actividad general de estos dispositivos. La cuarta cosa es solo el perímetro militar tenía las paredes forradas de placas blancas, y ya en el interior estaban desnudas, dejando a las claras que habían sido excavadas con maquinaria pesada… maquinaria que solo está en manos del Adeptus Mechanicum. Y quinta y última, que la Ley Imperial estaba presente en este lugar, además del omnipresente olor a salitre alcohólico del mar de la superficie.
Llegaron a una gruta gigantesca completamente excavada donde se había erigido un inconfundible edificio del Administratum, los materiales de fibrocemento y plastiacero, la rectitud de líneas, la modularidad de los pisos, el color gris oscuro de la fachada, la sobrecarga de gárgolas y calaveras y sobre todo: el signo del imperio, el águila bicéfala. Varios delegados del Monitorum salían en ese momento del edificio, con sus túnicas negras y su águila blanca colgando del cuello. Callidon les saludó y entro. Por su parte, la Bribona Zeliana, mientras esperaba a que le diesen alguna instrucción o la necesitasen como intérprete, estaba esperando al lado de Calvino. Tras unos cinco minutos mirando cómo trabajadores anónimos pasaban delante suyo, se percató que una cara no era tan anónima para ella. Era un primo segundo que había desaparecido en el frente nor-oriental del continente. Aparecía en las listas como D.E.C. Pero no, estaba ahí abajo, tan pancho. En un momento de descuido de Calvino, salió corriendo para intentar interceptar a la persona que creía que era su primo. Calvino la perdió de vista rápidamente. Justo cuando ella iba a posar su mano en el hombre del trabajador, éste se volvió y la vio. Un rictus de terror se dibujó en su cara y dando alaridos de miedo y empujones a diestro y siniestro, se fue corriendo por el pasillo. La granuja lo persiguió por el pasillo y una sala grande, donde notó más fuerte el olor del mar, pero no paró. Finalmente lo pudo capturar y el hombre se defendía a muerte, con uñas y dientes gritando “¡me quiere matar!¡me quiere matar!”. Al momento, antes de que pudiese realizar ninguna pregunta, la Seguridad Interna de la Colmena la redujo y la encerró en unos calabozos cercanos al lugar. De camino a los calabozos pudo ver mejor qué era ese olor a mar tan fuerte. La estancia que había pasado velozmente y por donde volvía arrestada, en realidad era una nave de tratamiento de una sustancia verde. Era una cadena de montaje donde se trataba esa sustancia y se empezaba a enlatar. Se dio cuenta que eso verde en realidad era el propio mar, eran volúmetes de mar que estaban tratando con calor y otras máquinas.

¿Por qué el Imperio tenía todo esto tan escondido? ¿Qué hacen con el mar, o las sustancias que hay en dicho mar? ¿por qué es “desaparecido” salió corriendo sin provocación alguna?


Capítulo 6                                                                                                            Capítulo 7-2



[1] En realidad es un personaje llevado por dos jugadores, que hasta el momento no han coincidido en la misma sesión. 


martes, 2 de octubre de 2012

Guerras Ofídeas, Sesión 6






  Los acólitos pasan la noche encerrados en el zulo y a la mañana siguiente una sorpresa les esperaba en la puerta: cuatro Arbites y un Sargento que mediante una Placa de datos con su perfil y foto y gestos, les invitaban a seguirles. El problema del idioma se agudiza de forma que la situación se tensa y en el momento que parecía que la violencia iba a hacer acto de presencia, Escarlata y la autóctona puesta bajo la “vigilancia” de los Acólitos, aparecen y ésta hace de traductora de forma que queda patente que son invitados a una audiencia con el Gobernador Fang. La llegada al Munitorum presentó para los Acólitos la oportunidad de observar la seguridad de las instalaciones. Vieron una doble valla metálica de tres metros de alto con un alambre de espino en la parte superior y a determinados tramos una cámara de seguridad activa. También vieron varias Torres metálicas de vigilancia. Los efectivos que se encontraban en la vigilancia eran milicianos de la Fuerza de Defensa Planetaria (FDP). Esta valla envolvía cuatro edificios, dos de ellos con claras marcas y disposiciones militares y los otros dos completamente diferentes, uno de ellos alto y lleno de gárgolas y símbolos del Imperio, de piedra y plastiacero, típico prefabricado del Monitorum junto con las oficinas del Adminstratum. El otro más bajo, menos profuso en ornamentos y con las claras señales del Ministorum. También pudieron constatar lo que vigilaron y escucharon durante la noche, la presencia de tres Sentinels patrullando el perímetro.

  Fueron acompañados hasta la entrada del Monitorum y ya en la puerta, un Funcionario les pide identificación. En este momento, la identificación utilizada por Callidon fue la máxima autorización, cosa que hizo palidecer al funcionario y habilitarles acceso rápido al despacho del Gobernador Fang. Éste se encontraba en la cuarta planta, un despacho no muy grande y que en otra hora debió ser un lugar espaciado y de reposo pero ahora se encontraba casi abarrotado con tres mesas, varios archivadores, zonas con dos cogitdores con litopantallas y casi en el centro un Hololitos grande con una representación del planeta y las zonas de combate. El Gobernante Fang, con su uniforme de Comodoro, se encontraba al lado del holograma mirándolo detenidamente. Al lado de él se encontraban dos escribas y al lado del escritorio de trabajo había una persona que atrajo las miradas de todos los Acólitos. Era un hombre alto, delgado, de mirada torva y sobretodo con un rictus en la comisura de la boca que podía erizar el vello de la nuca de todo el que lo mirase.

  La aparición de Tybalt en la sala hizo que se llenase de una tensión solo perceptible por ambos psíquicos y por hombres más sensibles, como Callidus y recientemente, tras recuperarse de las graves heridas sufridas, por Ignace. La tensión se agudizó durante la pequeña entrevista que tuvieron y a la que Tybalt casi no prestó atención y tras una mirada directa a Ignace, el astrópata soltó la conexión y lectura de toda la estancia mientras Ignace soltaba un grito de dolor y Piter deVries le miraba asqueado. Antes de llegar a este final, Callidon, Titus y el resto de acólitos tuvieron una breve entrevista y no sacaron en claro mucho: que llevaban dos años de luchas con un rebelde, que aun siendo aceptados en mis dominios por ser unos sirvientes de la Inquisición, les pidió que le diesen los motivos de su estancia. En ese momento Tybalt se resistió al escáner de deVries e informó que seguían las pesquisas sobre un efecto poco conocido, la Estrella Tiránida. En este momento es cuando Ignace chilló.

  Mientras salían del edificio y al terminar de recuperarse, Ignace pensó ver que una parte de la pared cerca de la entrada no estaba… y al volver a mirar, tras el pinchazo de dolor de cabeza, no vio ese hueco. Salieron del edificio, Tybalr notó que la cúpula del Astrópata no estaba ya cubriéndoles, entonces probó a ocultar las comunicaciones con ruido blanco… pero apareció una situación especial. De repente todo el entorno cambió: los edificios no eran rectos ni grises sino sinuosos y obscenos, las calles de colores aterciopelados rosas enfermizos, las gárgolas se transformaron en cuerpos híbridos entre mujeres y bestias y el color de la luz era violáceo. Fue un segundo y tras este segundo volvió todo a la realidad, pero bastó para que la gente entrase en un estado de miedo y terror fuerte. Uno de los Sentinels empezó a disparar a diestro y siniestro pero fue rápidamente neutralizado por los otros dos Sentinels y la ayuda disimulada de Tybalt.

  Esto fue suficiente como para que Ignace vuelva al interior de Monitorum y revisar la pared. Consiguió encontrar un pequeño panel muy disimulado y detectó un ascensor. Tras el alboroto de fuera, todos consiguieron entrar en el edificio y con rapidez se introdujeron en el ascensor, el cual les llevó a un pequeño corredor subterráneo. El ascensor solo era de bajada y al otro lado del pasillo, una puerta de iris cerrada y con un acceso biométrico. Tras enfrentarse con dos milicianos que bajaron, consiguieron abrir la puerta en iris con funestos resultados para el Sabio Titus. Al abrirse la puerta, se activó un servidor pretoriano que llenó de balas de bolter pesado el pasillo e impactando en varias ocasiones a Titus sobreviviendo milagrosamente aunque quedando muy maltrecho. Los disparos rápidos y certeros de Callidus salvó al resto del grupo de una segunda andanada ya que destruyó la cabeza del Servidor de Combate.

Ahora se encuentran encerrados en una sala bajo tierra… en un lugar donde los registros imperiales no identifican dicha construcción subterránea…
¿Cómo saldrán de allí? ¿Qué hace ese lugar bajo el Monitorum? ¿Qué vio el Astrópata para ser tan expeditivo?

Capítulo 5                                                                                                            Capítulo 7-1